Sería imposible trazar unos esbozos de lo que significa el arte contemporáneo en Extremadura sin sacar a colación el nombre de Luis Costillo. Onubense de nacimiento y pacense de adopción, su torrente creativo dejó de emanar este pasado martes, lastrado por el cáncer a los 62 años de edad. Siempre quedará, sin embargo, su polifacético legado. Sus textos, pinturas y trabajos de diseño gráfico son ya parte indisoluble de la esencia cultural de Extremadura en general y de Badajoz en particular. Esta última ciudad, con su casco antiguo como tema recurrente, fue sin duda uno de sus focos de inspiración.

Desde que iniciase su carrera artística en Madrid en 1976 hasta su última muestra recopilatoria, FAHRENHEIT, expuesta este mismo 2019 en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Cotemporáneo, somos muchos los que, de una u otra forma, hemos tenido la suerte no solo de cruzarnos en su camino, sino también de sentirnos acompañados por uno de los iconos creativos más representativos de las últimas décadas. Y es que su vela artística no solo fue una de las primeras en iluminar; también nos abrió camino a los amantes del diseño y la producción.

Respetado como artista y querido como persona, su aura impregna varias de las estancias de nuestras oficinas, donde exhibimos con sumo orgullo dos de sus obras. Ajeno al mercadeo de las tendencias y fiel a su propio estilo de activismo artístico en el ámbito social, sus creaciones son fácilmente reconocibles gracias a un ADN creativo irrepetible.

Si solo muere quien cae en el olvido, a Luis Costillo aún le queda mucha vida por delante en los corazones de todos aquellos que nunca dejaremos de admirar su obra.

Descansa en paz, amigo.

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